REVIEW

Need for Speed (2014) – no me hizo sentir la velocidad

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Publicado: 09 de septiembre del 2017

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OK, OK, Need for Speed no está del todo mal. Después de todo, nadie espera una narrativa particularmente compleja, personajes intrigantes o una mitología profunda de una película basada en un videojuego de carreras de autos. Todo lo que queremos del filme es una serie de secuencias de persecuciones y carreras bien hechas, realistas, emocionantes, tensas. Y hasta cierto punto eso es lo que obtenemos con Need for Speed —el problema es que la novedad no dura mucho, y que a las 2 horas de metraje (o incluso antes), uno se da cuenta que Need for Speed no tiene mucho más que un par de choques bien realizados y acrobacias automovilísticas exageradas. Definitivamente no es suficiente como para justificar la trama.

Por otra parte, está la cuestión de la glorificación de las carreras de carros ilegales. En un videojuego este contexto funciona porque, al ser una simulación virtual, uno no está del todo consciente de las consecuencias que una actividad de este tipo podría tener en la vida real. En una película protagonizada por actores de carne y hueso, la cosa es distinta —el hecho de que nuestros “héroes” no se preocupen mucho por la irresponsabilidad de sus acciones hace que uno simplemente no se relacione con ellos, y más bien los considere como gente horrible, egoísta y superficial. Eso definitivamente no es lo que uno quiere de su divertido filme de acción.

¿Estos son héroes?

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Aaron Paul (Breaking Bad) interpret a Tobey Marshall, un piloto de carreras callejeras que vive una vida alocada y salvaje hasta que su aprendiz, Pete (Harrison Gilbertson) muere manejando su carro. Tobey termina en la cárcel y su archienemigo, Dino (Dominic Cooper) queda en libertad, a pesar de ser el responsable de la muerte del chico. Años después Tobey queda libre, y parece tener un solo propósito en la vida: vengarse de Pete. Para ello, tiene que ganarle en una legendaria carrera llamada DeLeon, y viajar de Nueva York a San Francisco en 48 horas, acompañado de la siempre genial Imogen Poots. Mucha gente lo perseguirá, muchos carros explotarán, y muchos miembros de público se preguntarán exactamente por qué debería importarnos lo que sucede en pantalla.

Como mencioné líneas arriba, las secuencias que involucran carros están bien hechas. Claramente, el director Scott Vaughn se esforzó bastante a la hora de construir estas escenas, favoreciendo los efectos prácticos y el uso de carros reales por sobre los artificios digitales. Sí, algunos momentos son algo exagerados, pero acá no encontrarán los actos sobrehumanos caricaturescos de la franquicia de Rápidos y Furiosos; en Need for Speed, los carros de verdad van rápido, y las bolas de fuego son filmadas en el set en vez de ser creadas en una computadora.

Explosiones reales

Auto-eroticism

Como un ejemplo de lo que un buen equipo de dobles de acción y de pirotecnia puede hacer, Need for Speed funciona a la perfección. A nivel técnico, no tengo queja alguna sobre la película; hace lo que tiene que hacer, y lo hace de la manera más profesional posible. El problema está en los personajes; como son tan estereotípicos y antipáticos, uno jamás se identifica con ellos, lo cual le resta tensión y emoción a las secuencias de acción. Uno jamás se preocupa por ellos, uno jamás siente que están en peligro; claramente disfrutan mucho de manejar a 300 km por hora rodeados de civiles inocentes, poniendo en peligro a gente que nada tiene que ver con sus problemas. Simplemente no puedo apoyar a un pseudo-héroe tan egoísta e inmaduro.

Sí, esta es una de esas “películas” donde los objetos, en este caso los carros, se sienten más reales que los seres humanos. Ese es un gran problema. Aaron Paul no actúa mal como Tobey, pero no logra insertarle suficiente carisma como para que uno ignore sus mayores defectos. Eso, y no puedo con la voz tipo Batman que trató de darle al personaje. Dominic Cooper no es nada intimidante como Pete; no tengo nada en contra del actor, pero no me parece que haga un buen trabajo en este filme. La siempre encantadora Imogen Poots hace lo que puede con su personaje, pero está escrito de manera demasiado plana —ni siquiera una de las actrices más subvaloradas de su generación puede salvar a la película.

Birdman al rescate

QUOTE-Need for Speed

Ah, y cómo olvidarme del gran Michael Keaton. Interpretando a un anunciador de carreras que nunca interactúa directamente con el resto de personajes, se nota que solo fue un día al set de grabación, interesado más en su sueldo que en valor artístico de la cinta. No obstante, es el único que se da cuenta en qué tipo de filme está; actúa como si estuviese coqueado todo el tiempo, lleno de energía, casi burlándose de las acciones de los protagonistas y la trama de la película. Siendo tan talentoso, Keaton es el único que brilla —y de verdad— en una cinta que no tiene la menor idea de qué hacer con su impresionante reparto.

Si realmente son fanáticos de la franquicia de Need for Speed, les recomiendo que busquen las escenas de carreras en Internet. Son las mejores partes de la película, y pueden ser disfrutadas sin que uno sepa nada sobre la trama o los personajes. Need for Speed, desgraciadamente, no logra romper con la “maldición” de las adaptaciones de videojuegos al cine; a pesar de los esfuerzos de Imogen Poots y Michael Keaton, termina siendo un filme tedioso y antipático, un intento de filme de acción que nunca logró subirme el pulso. Para la próxima tendrá que ser.

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