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REVIEW

Wolfenstein: Youngblood (PS4) – Análisis

Un spin-off perfectamente adecuado.

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Publicado: 29 de julio del 2019

Plataforma: PS4 Publicado por Bethesda Softworks Desarrollado por MachineGames, Arkane Studios Lanzamiento: 26/07/2019

Debo admitir que mi primera impresión de “Wolfenstein: Youngblood” no fue del todo positiva. Siendo la primera entrega cooperativa de la franquicia, se supone que, de preferencia, debe ser jugada de manera online (ya saben, gente que no está suscrita al PlayStation Plus), por lo que al comenzar el juego, decidí comenzar una nueva partida, y por qué no, unirme a la sala de otra persona que estaba conectada a Internet. Todo parecía andar bien; de hecho, esperé un rato, vi un cutscene bastante entretenido, comenzó la partida…. y el juego procedió a congelarse. Caminé un par de metros, mi arma se quedó flotando frente a mi (¡!), y no podía mover a mi personaje.

Genial.

Felizmente, el juego me sacó automáticamente de la partida. Lo malo, no obstante, es que durante las siguientes horas, no lograba conectarme a ninguna partida online, por lo que una buena parte de mi experiencia con “Wolfenstein: Youngblood” ha sido offline. Es decir, mi compañera, en vez de ser una persona real conectada al juego desde quién sabe qué ciudad o qué país —lo siento, todavía no tengo amigos que hayan comprando el juego—, era una inteligencia artificial… no muy inteligente. Pero bueno, no me quedaba otra.

Habiendo dicho eso, deben estar asumiendo que mi experiencia en general con “Wolfenstein: Youngblood” no debe haber sido demasiado positiva. Pero curiosamente, la he pasado bastante bien con el juego. Sí, se trata de una versión algo simplificada de las entregas anteriores, en donde el foco en el juego cooperativo hace que se sienta como un aventura más limitada, menos épica. Y sí, como ya he mencionado, tiene sus fallas técnicas, lo cual podría hacer que más de un jugador se frustre. Pero fuera de eso —que no es del todo insignificante—, se trata de un first person shooter muy divertido, con controles precisos, gráficas complejas, y una gran variedad de escenarios y enemigos. Eso sí, consideren que se trata de un spin-off de la franquicia y nada más; si esperan jugar algo que esté al mismo nivel que cualquiera de las entregas principales, es muy posible que terminen decepcionados.

Una trama casi inexistente

Las protagonistas de “Wolfenstein: Youngblood” son las hijas gemelas de BJ Blazkowicz,  Sophie y Jess, quienes, como se deben imaginar, se deben dedicar a matar cuanto Nazi se les cruce en el camino. Curiosamente, la trama no es lo más importante en este juego —o al menos no lo es tanto como en entregas anteriores. De hecho, el título incluye una cantidad decepcionante de cutscenes —lo que hay está competentemente dirigido y actuado, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más, como para que uno sienta que está viviendo una aventura compleja o al menos marginalmente interesante. Pero no; “Wolfenstein: Youngblood” cuenta su historia de la manera más económica —y por momentos, floja— posible, centrándose principalmente en el concepto de juego cooperativo y en el gameplay.

Lo cual es una pena, porque la saga nos ha entregado personajes memorables a lo largo de varios juegos… pero desgraciadamente, ese no es el caso de “Wolfenstein: Youngblood”. Como protagonistas, Sophie y Jess no son terribles, pero ciertamente tampoco tienen características particularmente interesantes. Son medio geek, son algo alocadas, se comportan como adolescentes rebeldes —y sedientas de sangre, por supuesto—, y reciben la ayuda de Abby, una hacker con poca personalidad. De hecho, el que sean algo sádicas, considerando lo jóvenes y absurdamente inmaduras que son, me perturbó un poco —estoy seguro que la idea era darle un tono ridículamente satírico al juego, pero con estos personajes, no hicieron más que asustarme un poco. Supongo que, considerando eso, el que hayan pocos cutscenes no está del todo mal.

Pasando al gameplay, me resulta interesante el que ambas hermanas tengan, básicamente, las mismas características. Es decir, uno termina eligiendo un personaje por sobre el otro no por sus stats o su personalidad —porque uno la elige antes de ver cualquier cutscene—, si no por… ¿su aspecto, me imagino? Ambas usan power suits, los cuales les dan habilidades especiales que, por supuesto, pueden ir siendo mejoradas a lo largo de la aventura.

Gran sistema de upgrades

De hecho, una de las características que más disfruté de “Wolfenstein: Youngblood” fue su sistema de upgrades. Básicamente tenemos dos: las mejoras para las características del personaje que uno está usando, y las mejoras para las armas que uno va consiguiendo de nivel en nivel. En lo primero, uno puede ir subiendo estadísticas como la vida, la duración de la armadura, la fuerza, la habilidad para cargar armas pesadas, y mucho más. Y en lo que se refiere a lo segundo, arma por arma, uno puede ir mejorando la vista, la cantidad de balas que puede cargar, su alcance, y por supuesto, bastante más.

Ahora bien, hay muchos upgrades para considerar, y muchas armas para usar, por lo que hacia el final del juego, uno ni se acercará a mejorar todas. Por ende, hay que especializarse hasta cierto punto, y decidir exactamente qué características de Jess o Sophie se van a mejorar, y qué armas van a terminar siendo más poderosas y rápidas que el resto. En mi caso, me concentré más en la defensa de mi personaje —yo elegí a Sophie—, y en mejorar mis dos metralletas y una shotgun. Uno tiene que terminar decidiendo qué arma le sienta mejor, para poder llegar hasta el final del juego sin morir a cada rato.

Y hablando de morir — “Wolfenstein: Youngblood” es un first person shooter que favorece los combates por sobre el stealth, lo cual me sorprendió, porque sí hay la opción de usar stealth, como para sorprender a enemigos desde lejos, o atacarlos por atrás. Lamentablemente, la mayor parte del tiempo, resulta mucho más fácil y rápido simplemente llegar con armas en mano, matando a cuanto Nazi se cruce en nuestro camino. Esto se debe a que la mayoría de encuentros son rápidos y furiosos, y a que el diseño de los niveles —y el posicionamiento de los enemigos— realmente no ayuda a que uno pueda pasar sigilosamente. Ah, y si uno juega con una compañera bot, esta jamás tomará la ruta stealth —de hecho, me pasó varias veces que entré a una nueva zona, e inmediatamente Jess corrió hacia los enemigos, disparando como loca. Bien difícil ser sigiloso con una compañera así.

Excelentes controles

En todo caso, el juego se controla perfectamente, tal y como uno esperaría de un first person shooter moderno, por lo que las peleas terminan siendo muy divertidas, y por momentos, retadoras. La idea es que uno, mientras va jugando y consiguiendo upgrades y matando enemigos, va subiendo también de nivel —esto es importante, porque los enemigos también tienen niveles, y si uno, por ejemplo, está en nivel 7 y encuentra un enemigo nivel 22, simplemente no podrá derrotarlo. Cuando pasa esto, todo lo que queda es dar media vuelta e ir a otra parte, para subir de nivel y regresar luego para acabar con el enemigo. No se trata del mejor diseño para darle a un juego de este tipo, pero al menos le otorga algo de estrategia a un título que, por lo demás, es bastante lineal.

En todo caso, me gustó el hecho que, al jugar online, el unirse con un compañero que le lleve varios niveles no afecte negativamente la experiencia en general. Uno puede estar, por ejemplo, en nivel diez, jugando con una persona en nivel veinte, y el juego se disfrutará igual. De hecho, el jugador en nivel alto terminará ayudando y otorgándole mucha más experiencia al que esté en nivel bajo. Se trata de un sistema que podría haber sido mal utilizado, pero que, al menos en mi experiencia, sirve bastante bien, y le permite a cualquier jugador el tener una experiencia entretenida, sin sentirse demasiado poderoso, o demasiado débil. Es un balance delicado al que “Wolfenstein: Youngblood” felizmente llega sin mayores problemas.

Reviviendo por toda la eternidad

Y hablando del cooperativo —a pesar de tener varios momentos en los que los enemigos me destruían, haciendo que gaste munición como si no existiese un mañana, nunca llegué a ver una pantalla de Game Over. Esto se debe a que las dos protagonistas tienen vidas compartidas. Si una es asesinada, puede pedirle ayuda a la otra —machacando el botón X— mientras agoniza, para que la reviva y pueda seguir peleando. E incluso si las dos mueren y ninguna puede ayudar a la otra, lo más probable es que queden más vidas —compartidas o individuales— como para seguir jugando. Esto quiere decir que es prácticamente imposible morir en “Wolfenstein: Youngblood” —uno termina, más bien, encerrado en un círculo de resucitaciones mutuas hasta que por fin acabe con todos los enemigos de un nivel en particular. Sí, este sistema hace que “Wolfenstein: Youngblood” sea más fácil que varios de los juegos anteriores, pero a la vez, lo convierte en una experiencia mucho más accesible para neófitos.

En general, “Wolfenstein: Youngblood” no es un juego largo —recuerdo que luego de mi primera sesión de juego, que habrá durado un par de horas o un poquito más, ya había acabado con el 23% de las misiones obligatorias. Pero fuera de la historia principal, uno puede utilizar una suerte de hub world para acceder a misiones secundarias, como para subir de nivel y darle algo más de variedad y contenido al juego. Eso sí, no hay demasiada diferencia visual o de gameplay entre misiones —uno siempre encontrará puertas que tienen que ser abiertas por ambos personajes al mismo tiempo, por ejemplo, o computadoras con información importante en todas partes—, pero al menos resultan rápidas y entretenidas.

A nivel técnico, “Wolfenstein: Youngblood” es un juego correcto. Los cutscenes están competentemente dirigidos, pero detalles como el cabello o el movimiento de los labios de los personajes mientras hablan no están muy pulidos que digamos —no lucen mal, pero otros juegos han demostrado que se podrían ver mucho mejor. Las gráficas para los escenarios son bien detalladas —me gustaron mucho los efectos de fuego, por ejemplo—, pero estos no resultan ser tan variados como me hubiese gustado. Hay varias calles y avenidas destruidas y con escombros, por ejemplo, así como escondites Nazi en donde uno tiene que saltar —o saltar doble— de un lado a otro, al más puro estilo de un Metroidvania, para poder seguir avanzando, pero no mucho más. La música casi ni se siente, y las actuaciones de voz son… buenas a secas. Sophie y Jess podrían ser un poco menos desesperantes, definitivamente.

Un spin-off competente

La variedad de enemigos es innegable —tenemos desde soldados normales, hasta capitanes que hacen sonar la alarma para traer refuerzos, y mega Nazis con trajes especiales— y la experiencia en general es divertida, pero “Wolfenstein: Youngblood” viene con algunos detalles que me resultaron algo… peculiares. Por ejemplo, no se puede poner pausa, lo cual es entendible cuando se juega online por obvias razones—, pero no tiene sentido alguno cuando se está jugando offline. Uno accede al menú principal… pero el juego sigue corriendo en el fondo. Adicionalmente, están los problemas mencionados líneas arriba a la hora de tratar de encontrar una sesión online, y el hecho de que el juego introduce una narrativa decepcionante, al menos en comparación a las entregas anteriores. Se trata, pues, de un spin-off en el más puro sentido de la palabra; es una producción menor a comparación de las entregas principales de la franquicia, y se nota.

“Wolfenstein: Youngblood” no es un mal juego. Los controles son prácticamente perfectos, el gameplay casi ni tiene pierde, y las gráficas son bastante detalladas. Donde el juego falla es en la trama, en los personajes, en el online nunca olvidaré mi primera experiencia, con glitch y todo— y en algunos detalles que muy fácilmente podrían ser arreglados con un patch. Sí, se trata de una entrega mucho más sencilla y directa al grano que cualquiera de las anteriores, y sí, es posible que no todo el mundo se emocione por una experiencia que dependa tanto del juego cooperativo, pero quienes tengan hermanos o hermanas o amigos con quién jugar, seguramente la pasarán de lo lindo con “Wolfenstein: Youngblood”. Hasta cierto punto, podría considerarse casi como un retroceso —ligero— para la franquicia, pero recuerden: no es una secuela oficial. Si toman eso en cuenta, y simplemente lo consideran como un first person shooter relativamente sencillo y muy divertido, seguramente que la pasarán bien con “Wolfenstein: Youngblood”. Al menos sirve para distraer a los fanáticos hasta que salga a la venta la verdadera secuela.

Este análisis fue realizado con un código de descarga para PlayStation 4 brindado por Bethesda Softworks.

7 Bueno

Lo positivo:

  • Controles suaves y precisos
  • Gameplay muy bien desarrollado
  • Gráficas de buen nivel
  • Interesante experiencia cooperativa

Lo negativo:

  • Historia mal desarrollada
  • Personajes poco interesantes
  • Experiencia online fallida
  • Relativamente sencillo
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